San Ignacio de Loyola

Construida en el año 1710

La actual Iglesia de San Ignacio de Loyola fue construida por la Compañía de Jesús entre 1710 y 1722. En ese año, el 31 de julio, día de las fiestas patronales, se realizó una solemne ceremonia. Sin embargo muchos autores opinan y con razón, que quedó realmente concluida para octubre de 1734, año de su Consagración. Muchos de sus retablos incluso, fueron terminados posteriormente.
Los padres de la Compañía de Jesús llegaron a Buenos Aires en 1608, y se instalaron en el “terreno del adelantado”- que hoy sería la manzana este de la actual Plaza de Mayo- . Allí tuvieron iglesia y colegio. Por inconvenientes técnicos y estratégicos, se mudan en 1661 a la luego llamada Manzana de las Luces, donde permanecerán de manera definitiva hasta la expulsión del 3 de julio de 1767, y aunque nuevamente toman posesión del templo durante el segundo gobierno de Rosas, su estadía fue brevísima.

Testigo del paso del tiempo

San Ignacio
San Ignacio

reseña historica

La actual Iglesia de San Ignacio de Loyola fue construida por la Compañía de Jesús entre 1710 y 1722. En ese año, el 31 de julio, día de las fiestas
patronales, se realizó una solemne ceremonia. Sin embargo muchos autores opinan y con razón, que quedó realmente concluida para octubre de 1734, año de su Consagración. Muchos de sus retablos incluso, fueron terminados posteriormente.
Los padres de la Compañía de Jesús llegaron a Buenos Aires en 1608, y se instalaron en el “terreno del adelantado”- que hoy sería la manzana este de la
actual Plaza de Mayo- . Allí tuvieron iglesia y colegio. Por inconvenientes técnicos y estratégicos, se mudan en 1661 a la luego llamada Manzana de las
Luces, donde permanecerán de manera definitiva hasta la expulsión del 3 de julio de 1767, y aunque nuevamente toman posesión del templo durante el
segundo gobierno de Rosas, su estadía fue brevísima. Doña Isabel de Carvajal fue la donante del solar hoy comprendido por las
calles Perú, Moreno, Bolívar y Alsina, y en la intersección de éstas últimas se construirá poco a poco la iglesia.

La fachada corresponde a varios períodos. Su imafronte –cuerpo central- y la torre sur datarían, según el Padre Sepp, de finales del siglo XVII, por lo que

se la considera la construcción más antigua de Buenos Aires. Fue edificada con cal y ladrillos cocidos en su propio horno, en la misma manzana. Se desconoce su autor, pero su barroco germano evidencia el origen. Dos grandes volutas enmarcan el pórtico principal, invertidas, con el mayor volumen hacia abajo.
La torre sur, a la izquierda, tiene ventanas y se sabe que tuvo reloj, antes aún que el edificio del Cabildo. La torre norte, construida tardíamente por el ingeniero español Felipe Senillosa -aproximadamente hacia la década de 1850- anexó, a fines del siglo XIX, el antiguo reloj inglés del Cabildo de la ciudad (de la firma S: Thavaites y Reed, data de 1861), trasladado al templo al derribarse parte de la estructura del edificio capitular, producto de las múltiples mutilaciones sufridas al abrir avenidas en sus laterales. Para colocarlo, cegaron las ventanas del tercer cuerpo de la torre norte.
Ambas torres conservan sus campanas, en total son cinco: la más antigua es obra de Francisco Naso, y data de 1766; otras dos fueron fundidas por
Picasso, en 1858, las restantes datan de 1845 y 1860, ésta última, la Stella Maris, fue fundida por Antonio Massa. A principios del siglo XX se introducen modificaciones en muchos templos porteños, producto del centenario de la Revolución de Mayo, San Ignacio no permanecerá ajena, y, según Mario Buschiazzo, aquí trabaja el ingeniero Garamondia introduciendo cambios ornamentales: claves sobre los arcos laterales de ingreso, rosetas en los cubos que adornan los capiteles, columnas y mensulones, además de otros cambios decorativos en los otros niveles superiores de la fachada.

Pasado el nártex o vestíbulo, el interior proyectado por Juan Krauss a principios del siglo XVIII, también adquirió algunas modificaciones a principios
del siglo XX. De estilo barroco, aunque propio de la austeridad rioplatense, con planta procesional de doble altura (57 m. de largo, 25 m. de ancho y 16 m. de alto) y cúpula sobre crucero, y tribunas superiores, gracias a las tareas de restauración hoy ha recuperado su aspecto original.
Sus paredes blancas resaltan el colorido de los retablos. De los catorce existentes, se conservan siete del período jesuítico; éstos corresponden al:
retablo Mayor, la Dolorosa, la Virgen de las Nieves -ubicados en el crucero- y los de San Estanislao de Kotska (hoy San Judas Tadeo), Santa Teresa de Jesús,
(ambos ingresando del lado izquierdo), San Luis Gonzaga -hoy con una imagen de la Inmaculada Concepción- y San Juan Nepomuceno (ambos ingresando del lado derecho). Los primeros recuperados fueron el Retablo Mayor y el que corresponde a la Dolorosa, en el transepto.
Entre los arquitectos y coadjuntores de la Compañía de Jesús, además de Juan Krauss, destacan los muy renombrados Andres Blanqui y Juan Bautista
Prímoli. En uno de los laterales del templo se conserva una de las cuatro galerías que conformaban el claustro del Colegio Grande de San Ignacio. Recientemente ha recuperado su espacialidad, producto del despeje de la franja de patio subsistente de la antigua construcción demolida, para dar lugar, a principios del siglo XX, al actual Colegio Nacional de Buenos Aires.
Este colegio nació en 1617 en los terrenos que ocuparon los jesuitas en la actual plaza de mayo, y su nombre, grande, es producto del tipo de educación
que impartía, lo que hoy llamamos enseñanza media, y en este sentido, fue el primero en la Buenos Aires colonial. Cambió muchas veces su nombre: Real Colegio de San Carlos, luego de su reapertura en tiempos de J. J de Vértiz, fue el “Colegio de la Patria” como lo llamó Ricardo Rojas; ya que seis de los nueve miembros del gobierno conformado en mayo del ‘10 fueron sus alumnos: Belgrano, Castelli, Moreno, Saavedra, Paso y Alberti. Más tarde se formaron Bernardino Rivadavia, Esteban Echeverría y muchos de los románticos de la generación del ’37, Carlos Pellegrini, Miguel Cané y tantos más.
La galería que hoy se puede recorrer, conserva las líneas arquitectónicas del tiempo de los jesuitas, aunque el piso corresponda al siglo XIX.
Desde las tribunas superiores de la iglesia, los alumnos del colegio participaban de la ceremonia de la Misa diaria. El colegio contaba con aulas y
aposentos para 60 alumnos internados, refectorio, cocina, bodega y despensas y tenía un gran patio central con aljibe.
Más tarde, producto de la invasión inglesa de 1806, fue cuartel del regimiento de los Patricios y fueron sus jefes dos de los alumnos que pasaron
por las aulas del Colegio: Cornelio Saavedra y Manuel Belgrano. Incluso a éste último le tocó sofocar en 1811, la rebelión conocida como Motín de las Trenzas, que finalizó con los cabecillas ajusticiados en la Plaza. Reabierto en 1817, continuó funcionando bajo varias denominaciones hasta que en 1863, Bartolomé Mitre, lo llama Colegio Nacional de Buenos Aires, nombre que continúa actualmente, aunque en un edificio vecino del primer tercio del siglo XX, de corte academicista francés. Los túneles que hoy pueden visitarse debajo de la Iglesia de San Ignacio, datan del período en que los jesuitas, grandes arquitectos e ingenieros, autores de los edificios que se conservan en esta esquina, colaboraron también en otras obras del período, tanto eclesiásticas como civiles. 
Hoy se conservan tramos de esta obra al parecer inconclusa, que fueron parte de la defensa de la ciudad colonial. Excavados en la tosca viva, a golpe de
pico, pala y barreta de hierro, al parecer conectaban edificios cercanos (iglesias, Cabildo, Fuerte) donde debajo de alguno de ellos, como en el patio del Cabildo, aún se conservan pocos metros. Su función era defensiva y militar y posteriormente abandonado su uso, fueron encontrados en las demoliciones del viejo colegio. Debemos al arquitecto Héctor Greslebin, en los albores del siglo XX, el primer estudio sistemático y científico. Hoy, la arqueología urbana, nos da más respuestas sobre las construcciones subterráneas de la ciudad y nos permiten identificar diferencias en los sistemas constructivos de entonces, datando a éstos como los más añejos con los que cuenta Buenos Aires.
Bajo San Ignacio, se pueden recorrer más de 30 metros, que atraviesan parte del antiguo claustro del colegio, y la iglesia a la altura del transepto.
Consolidados a partir del 2007 como parte del plan maestro encarado para recuperar, restaurar y poner en valor todo el conjunto edilicio, hoy son parte de las visitas guiadas que se pueden realizar. Entre algunos de los sucesos históricos en los que San Ignacio de Loyola fue testigo de su tiempo, podemos mencionar que en 1816 y 1820 en la Iglesia se celebraron sendos Cabildos Abiertos; el 12 de agosto de 1821 se fundó la Universidad de Buenos aires y su acto fundacional se realizó en el templo; el 16 de marzo de 1830, la Iglesia de San Ignacio de Loyola, es erigida parroquia y en 1942 declarada Monumento Histórico Nacional.

Horario

Secretaria Parroquial

L. a V. de 09 a 13 hs y de 16 a 19 hs

Bolivar 225, CABA – BS AS – ARG

+54 (011) 4331 2458

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